
Hace unas tres semanas empezaron a hacerse públicas las condiciones laborales de los controladores aéreos españoles. Son los que cobran más y trabajan menos de toda Europa. Un dato que hasta ahora (casi) todos conocíamos al menos de segunda mano pero que a nadie escandalizaba. En un mundo de diferencias cada vez mayores, incluso está bien visto que algunos colectivos (pienso en jugadores de fútbol o básquet con contratos multimillonarios, de Cristiano a Pau Gasol) cobren cantidades desorbitadas.
Por eso, el Gobierno ha sacado a la luz los sueldos de nuestros controladores justo cuando los vuelos se están haciendo doblemente incómodos por la propia saturación de las fiestas navideñas y por las condiciones adversas de la meteorología. Los retrasos y cancelaciones son un buen contexto para dirigir el malestar hacia unos controladores presentados como culpables del caos.
Por lo visto, no sólo están muy bien pagados sino que gozan de un estatus laboral más que privilegiado: cobran las horas extra al triple y recurren a huelgas encubiertas como forma de presión para prolongar y aún aumentar sus privilegios.
Un sueldo medio de un controlador aéreo en España ronda los 350.000 euros anuales, pero hay un grupo todavía más selecto de 200 controladores que cobran más de 600.000 euros al año. Datos que el ministro de Fomento ha arrojado a los perros (quiero decir, los diarios) para volver la opinión pública en contra de un colectivo que parece blindado. El Gobierno tiene que recurrir a la prensa como medio de presión: insólito. ¿Por qué no actúa de oficio, legislando con responsabilidad y coherencia en vez de denunciar ante los medios una situación que ya era así el año anterior y el anterior y el anterior?
Porque tampoco lo hizo el Gobierno del PP de Aznar ni el anterior.
La paz laboral de la que tanto presume el Gobierno de ZP (pero también la mayoría de gobiernos del mundo híperdesarrollado) tiene estos agujeros negros. Mientras han ido bajando los sueldos mileuristas, han ido subiendo y subiendo los sueldos de algunos colectivos. Lógica del hipercapitalismo en que vivimos, basado en un modelo único frente al que no hay alternativa sino pacto y transacción. ¿Cómo si no se explica que en unos años de durísima crisis los sindicatos se hayan quedado en casa, negociando la salida de esta crisis?
Tampoco los controladores aéreos, para amarrar sus sueldos millonarios, recurren a huelga alguna. Se ausentan de sus puestos (de golpe, una quinta parte del total se pone enfermo el mismo día) y provocan retrasos insalvables como exhibición de su fuerza.
No hay huelgas: el mundo ya no es lo que era.
Tampoco los Gobiernos porque de cada vez más las decisiones importantes se toman en la economía y no en la política. Los Gobiernos de la sociedad hipermoderna se van pareciendo a las monarquías constitucionales que mantienen estos mismos Gobiernos: función representativa y simbólica, encarnación de los valores democráticos fundacionales expresados con retórica trascendental.
Para ejemplificar el cambio, basta comparar la postura acomodaticia de los últimos Gobiernos españoles frente a la estrategia abusiva de los controladores, con la adoptada por la Administración Reagan hace 30 años, cuando los presidentes actuaban al más puro estilo empresarial. Entonces (año 1981) la gran mayoría de los 13.000 controladores de EEUU protagonizaban una huelga (de verdad, de las de un tiempo), que fue resuelta al quinto día por Reagan despidiendo a los más de 12.000 huelguistas, sustituidos coyunturalmente por personal militar y facilitando el acceso al trabajo a todos los titulados o a aquellos dispuestos a un entrenamiento acelerado.
30 años después, no hay huelgas ni despidos sino más diferencias económicas.