Los alumnos de secundaria de mi instituto compran chuches en el bar, suspenden, estudian si quieren y muchos dias llegan tarde. No pasa nada. El sistema escolar es permisivo, y en la mayoria de casos sus padres tambien. Disfrutan de los recreos, se pelean y vuelven a hacerse amigos como si la vida fuese una prolongacion de la infancia. Juegan a vivir, lo cual incluye quedar a la salida para comer juntos en un MacDonalds con el dinero que les ha dado su mami o pasar un rato en la casa de alguno de ellos donde no haya nadie (hoy dia los mayores trabajan mucho) para follar un ratito, sin mayor trascendencia. Todo es optativo e inmediato.
Los aeropuertos estan disenados de acuerdo a esta misma estetica: escaparates amables, espacios grandes donde moverse con sensacion de libertad. El mismo discurso publicitario que ha educado a los chavales: ambiente acogedor de consumo ininterrumpido.
Pero si tienes que volar descubres que este mismo aeropuerto puede resultar tan alienante y cruel como la empresa privada. Como la vida real. El check-in se ha convertido en una larga espera, porque las companias han reducido personal. Ahora no basta llegar una hora antes, porque las colas pueden prolongarse 30, 40 o 50 minutos. Despues, el control de seguridad (leo que se estan imponiendo los escaneres de cuerpo entero) donde puede pasar cualquier cosa. O el retraso, sin anuncio previo ni disculpas, del vuelo.
Durante este proceso, pierdes tus derechos y te conviertes en un usuario disciplinado a merced de cualquier contraorden, que te obliga a estar pendiente de no sabes muy bien que o quien. Ni donde: las ordenes llegan de lejos y siempre son anonimas.
El mundo feliz de la television convive con el autoritarismo de la economia low cost sin que se produzcan interferencias. Hemos aprendido a cambiar de chip cuando pasamos de uno al otro lado del espejo sin que apenas nos resintamos.
Y pienso en estos preadolescentes vagos y malcriados: tambien ellos cuando lleguen al aeropuerto aceptaran los controles, las contraindicaciones, las prisas y el estres sin rebelarse ni exigir las mil explicaciones que plantean en clase.
Tambien ellos aceptaran el contrato basura, que les dejara unos euros sobrantes para desfogarse en videojuegos, algun porro y largas conversaciones en pandilla frente a una cerveza
(Escrito en un teclado griego con mapa de caracteres ingles. Sorry por acentos y demas)
Información Bitacoras.com…
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4 ene 10 at 14:11
Un mal día? No todo es tan negativo… Incluso a veces las cosas funcionan bien… Esta generación de niñ@s “nini”, aprenderán como hemos aprendido todos.
Chema Roldán
5 ene 10 at 12:09