No sólo es el tráfico de pornografía infantil, también el acoso sexual: Internet como trasunto de la vida real, en un nuevo espacio donde se repiten las mismas conductas y obligan a padres y educadores a actualizar sus conocimientos. Aunque sería mejor decir intensificar la proximidad física y el cariño, las mejores terapias contra la desprotección infantil.
Internet prolonga pues una larga, larguísima, batalla contra los abusos sexuales. Si todas las estadísticas confirman que quien abusa es el hombre (a niñas, a niños, a mujeres, a otros hombres), afirmar que la sexualidad masculina tiene un componente insano resulta una obviedad.
Existen, como frente a cualquier colectivo agresivo, dos estrategias básicas: la policial o represiva y la educativa o preventiva, y seguramente, las dos son necesarias aunque en distintos niveles. Lamentablemente, la segunda apenas existe. ¿Cómo van a establecer gobernantes masculinos programas de autoayuda que registren las anomalías del imaginario sexual masculino?
Mientras, noticias como la del titular ayudan a difundir que los distintos tipos de abuso sexual al menos no siempre quedan impunes. En este caso (EEUU, pero podría ser cualquier otro escenario), un tipo de 27 años contactó con una chica de 14 chateando mientras jugaban con la Xbox. Después llegaron los mensajes móviles y las llamadas de teléfono. Algún regalo e intercambio de fotos de contenido sexual: las fases típicas de una cacería.
En esta ocasión, con final contundente. Descubierta la relación (él la visitó y se la llevó a un motel), el tipo ha sido condenado a 10 años de cárcel, supervisión de por vida y fichado en un registro de delincuentes sexuales.
