Todavía recordamos la envidia que nos producían las primeras Blackberry. Ah, el push email, esta inmediatez en la entrega de los correos que parecía privilegio de ejecutivos. Pero Internet parecía orientarse en la dirección de otras urgencias hasta que Twitter se infiltró entre nuestros hábitos casi sin querer. Sin mercadotecnia alguna, Twitter (mejor dicho, la comunidad no oficial de fans, usuarios y desarrolladores independientes) ha popularizado la dimensión del real-time, esta otra inmediatez que Facebook se apresuró a incorporar: ¿qué estás haciendo?, ¿qué estás pensando?
La búsqueda en-tiempo-real se ha convertido ya en el Santo Grial de la web 2.0 ¿O tal vez es el anuncio de que ha llegado la web 3.0 en lugar de aquella web semántica que lleva años estancada en fase de despegue? Twitter como gran proveedor, por fin reconocido por los grandes líderes que durante los dos primeros años habían ninguneado.
“Minería de datos”, este eufemismo técnico para encubrir la movilización de los grandes a la búsqueda y captura del flujo generado por el ligero Twitter: Goliath comprando información a David.
Por cierto, David no es Twitter sino nosotros. Y tampoco somos el ganador en esta operación.