Ideada inicialmente por la sección británica de Microsoft para la investigación del Alzheimer y otras demencias, esta cámara se lleva colgando del cuello a lo largo de todo el día, que queda grabado en su totalidad a razón de una fotografía cada 30 segundos: un continuum de la cotidianeidad individual, registrada como soporte para aquellas personas con lagunas de memoria que necesitan refrescarla.
Ahora el ingenio ha sido comprado por la empresa Vicon, con sede en Oxford, con la intención de fabricarlo a gran escala. Estará en el mercado el próximo año por menos de 700 euros.
Parece claro que las posibilidades de negocio van más allá de un uso terapéutico. Más bien me da la impresión que se ofrecerá como una herramienta con la que facilitar la satisfacción de una pulsión en aumento: la creación de una capa virtual permanente, una segunda identidad, sin necesidad de visitar sitios como Second Life.
Un lifelogging que ya ha sido llevado a la práctica en forma de experimento por el investigador de Microsoft, Gordon Bell (reseña en Los pollitos)
Me recuerda planteamientos anteriores, como el de la memoria de los replicantes en Blade Runner o aquel delirio de La invención de Morel
Vía New Scientist