Ya sabrás que en Moldavia se habla estos días de la “revolución Twitter” de forma parecida a como hace cuarenta años se referían partidos, instituciones, gobiernos y medios a la revolución estudiantil de mayo del 68.
En este país gobernado por comunistas y alineado con Rusia, el movimiento de oposición ha recurrido a Internet ante el bloqueo informativo impuesto en prensa, radio y TV por el Gobierno moldavo. Redes sociales, mensajería, pero sobre todo Twitter se han convertido en herramientas subversivas por su capacidad de saltarse las prohibiciones oficiales y convertirse en instrumentos de agitación.
El Gobierno moldavo, con el aplauso de Moscú, ha expulsado al embajador rumano (Rumanía es el malo necesario de la película, como hace cuarenta años el comunismo soviético estaba detrás de las manifestaciones antiburguesas) y perseguido a los líderes juveniles que han usado Twitter y otras redes como plataforma para la movilización ciudadana. Se ha llegado a rumorear que algunos han sido juzgados y encarcelados por esto.
Pero esta bonita historia de libertades me lleva a preguntarme si Twitter tendría una capacidad semejante de movilización (más allá del puntual “Pásalo” de nuestros SMS), o si sólo es posible en sociedades anacrónicas como las que mantienen un sistema autoritario.
Las sociedades liberales y consumistas, ¿podrían responder de forma sostenida y consciente a consignas lanzadas por sus líderes desde Twitter?
Sinceramente, no lo creo.