8 Abril, 2009

Cuando se te acaba el contrato de permanencia

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La operadora modifica tu estatus automáticamente. Por fases:

Cuando faltan unas semanas para que acabe, te envía mensajitos de amor haciéndote proposiciones deshonestas (renuncia a tu viejo móvil y cámbiate a uno más guay) o esimulando tu vanidad de capitalista inversor (tienes tantos puntos, mira todo lo que pudes conseguir con tus puntos…)
Los mensajitos se refuerzan con furtivas llamadas telefónicas que personalizan esta nueva relación poniendo nombre y apellido a los escarceos, que aumentan de intensidad hasta que finalmente vence tu contrato.

Este es el mejor día para disfrutar del nuevo estatus que te ha ido anunciando la compañía.
Te toca tomar la iniciativa. Cada un@ que se deje llevar por su imaginación y el color de sus fantasías amatorias. Yo me limito a explicar mi último romance:
– Buenos días, llamo para darme de baja
Entonces se sucede un largo y confuso silencio que finalmente es roto con una serie de gestiones. Me pasan con el departamento X y con el departamento Y, donde te das cuenta de que aquel amor era sincero, ya que el tono de tus interlocutores es cada vez más cariñoso.
En fin, que me proponen un descuento de 20 euros al mes durante los seis próximos meses, sin ningún tipo de compromiso ni contrapartida.

Esto es más que amor, me digo, porque a partir de ahora (por supuesto acepté enseguida) la relación se ha descompensado. Teniendo en cuenta que consumo unos 25 euros de promedio al mes, resulta que la compañía invierte cuatro veces más que yo en nuestra relación.
Además, sin papeles ni firmas ni retrasos. No he necesitado cumplimentar ningún trámite ni esperar a la telefonista de turno. Tampoco me han obligado a identificarme dos, tres, cuatro veces.
Creen en mí. Más que amor, decía. Esto es fe.

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