7 Abril, 2009

Dieta vegetariana, desorden adolescente

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Soy vegetariano y esto hace que detecte fácilmente tics autoritarios en anuncios, chistes y comentarios despectivos hacia la dieta (y la “filosofía”) vegetariana. Al fin y al cabo, la ideología dominante siempre se ha comportado así contra los grupos y planteamientos minoritarios, véase si no la cantidad de tips machistas y racistas que se adueñaron de nuestro lenguaje cotidiano.

A pesar de reconocer y practicar las bondades del régimen vegetariano (no entraré en profundidades o sutilezas de si crudivorismo, vegetalianismo y demás opciones derivadas), me parece interesante esta hipótesis recogida en Time: le elección de una dieta vegetariana puede ser una estrategia adolescente para disfrazar algún tipo de desorden alimenticio.

Curiosa esta época nuestra de transición: el matrimonio homosexual está legalizado mientras seguimos riéndonos de los maricones e ignoramos despectivamente a las tortilleras; o siguen produciéndose episodios de violencia machista al tiempo que se consolida el argumentario feminista.
Por lo mismo, el vegetarianismo goza de una doble aproximación en el imaginario popular. Por una parte sigue siendo una práctica sospechosa, por otra se tiñe de cierto prestigio derivado de su afinidad con la corriente de lo light, los alimentos saludables, la fobia contra el colesterol o la pasión por el gimnasio como tácticas de mantenimiento si no de rejuvenecimiento, complementarias de la cirugía puntual.

El mejor ejemplo, los vampiros de Crepúsculo (el best-seller adolescente por excelencia) son vegetarianos: una forma de subrayar un carácter superior pero inquietante.

La dieta vegetariana tiene pues un halo que la hace homologable, y a esta coartada se acogerían algunos adolescentes para enmascarar desarreglos sicológicos y alimenticios que de otra forma serían detectados con alarma y perseguidos por sus padres.

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