Tethering es la palabra de moda, el palabro que ahora define lo que siempre hemos conocido (y practicado) como compartir conexión: usar el móvil como módem con el que dar salida a Internet a equipos (PCs, laptops) que por lo que fuese carecen de conectividad.
Y se habla de tethering porque estamos llegando a una nueva etapa en la guerra abierta entre discográficas y operadoras, entre productoras y telecos, entre los viejos poderes y los nuevos medios.
Si hasta ahora las productoras y discográficas prohibían y perseguían cualquier tipo de distribución libre (la masacre de Napster como referencia) hoy empiezan a negociar (Spotify o Vodafone Music como referencias): la música dejará de venderse como tal, se convertirá en un servicio añadido.
Los móviles, sustitutos de los PMPs y demás reproductores mp3, son la tierra prometida del nuevo modelo de negocio. Las operadoras subvencionan la oferta musical, convirtiéndose en distribuidores: por unos euros más, el usuario tendrá acceso a millones de canciones “gratuitamente”.
Este nuevo modelo de negocio privilegia el móvil como dispositivo de ocio y multiplicará la demanda de conexión de datos a redes 3G, Internet en el móvil.
Las nuevas tarifas planas móviles convierten el móvil en sustituto natural de los actuales módems 3G que ofrecen las operadoras.
Y esto es lo que pretenden controlar las operadoras. Si los usuarios emplean sus terminales como módem, que paguen una tarifa adicional: tethering por contrato.
De ahí la avalancha de noticias contradictorias relacionadas con la posibilidad de hacer tethering en los nuevos modelos, así como las reacciones también contradictorias de Apple o Google baneando aplicaciones que lo permiten en sus iPhone o Android.
La última noticia: Google permite tethering en Android a usuarios de redes que no sean de T-Mobile.
Puede hacerse tethering en el iPhone 3.0, aunque activarlo es un poco laborioso.