Linus Torvalds reivindica la diversidad de Linux frente a quienes defienden la unificación como estrategia para reforzar su posición en el mercado y atraer nuevos usuarios.
Coinciden las declaraciones de Torvalds con la divulgación de los planes de Microsoft para Windows 7, del que se comercializarán seis distintas versiones.
Paradójicamente, Microsoft ha ido adoptando este ropaje de diversificación al tiempo que en el mundo Linux se plantea periódicamente la posibilidad de unificar o centralizar sus muchas distribuciones y sabores: movimiento inverso, que parece expresar aquello de envidiar lo que no se tiene.
Sin embargo, este es uno de los signos de identidad del mundo Linux y en general del software libre. La posibilidad de redistribuir y modificar el código, respetando los derechos de autor, abre las puertas a una diversificación ad infinitum
Y si por una parte es cierto que la atomización de Linux desorienta al usuario y que la absorción de las mil y pico distribuciones actuales en un único estándar le conferiría una imagen de respetabilidad, es todavía más cierto que GNU/Linux dejaría de serlo si renunciase, más bien prohibiese, la libre adaptación de su kernel, sistemas de archivos o formatos de empaquetamiento.
La libertad implica diversidad, y esta es la mejor garantía de crecimiento de Linux. Eso sí, a largo plazo.