
De nuevo saltan las alarmas ante capturas como esta, ya eliminada por Google a las primeras protestas: una mujer orinando en la calle pillada in fraganti por las cámaras de Google Maps.
Inquietud comprensible, pero a mi modo de ver exagerada.
Comprensible porque nos plantea dudas sobre el material que pueda guardar Google, quién sabe si clasificado como material “reservado” y accesible sólo a oficinas gubernamentales o instancias oscuras de alto nivel.
Exagerada, porque los poderes públicos ya han asumido esta función de vídeovigilancia (Londres como paradigma) definiendo un futuro que parece irreversible.
Otra cosa es la posición de privilegio que progresivamente adquiere Google en un medio como Internet que va a condicionar nuestras vidas también de forma irreversible. La publicidad en manos de AdSense, o la nueva televisión en poder de YouTube entre otros escenarios dominados por Google sí deberían generar una inquietud razonable y sobre todo estimular el desarrollo de plataformas alternativas que recuperasen la real competitivad del sector.