Error 500 recoge el planteamiento de Windows 7 como actualización de Vista, presentada sin embargo oficialmente como sistema nuevo: estrategia para enterrar a un predecesor mal valorado por público y crítica.
Y esto me hace recordar lanzamientos anteriores de sistemas Windows. La catarata de adjetivos, el aluvión de alabanzas, la insistencia en presentarnos un producto definitivo.
Y quizás esta sea la causa de fracasos como ME o Vista: la sobrevaloración por parte de Microsoft (en una época además de usuarios casi cautivos) de 98 o XP. Sus campañas de presentaciones (recordemos: más caras que cualquier promoción cinemtográfica de primer orden) calaron en la gente hasta el punto de resistirse a un cambio demasiado cercano.
ME o Vista, además de por razones técnicas, han fracasado paradójicamente por la fidelidad del usuario hacia Microsoft, de la misma forma en que hasta hace poco este mismo usuario miraba con recelo a Linux o Mac. Una fidelidad con ciclos largos y por tanto coherentes: dos años no bastan para renegar de Windows 98 (1998) y abrazar a Windows ME (2000)
El usuario típico de Windows (creado a imagen de los intereses de Microsoft) es conservador y susceptible, se resiste a los cambios. Por eso, cuando un sistema consigue imponerse como es el caso de XP no acepta sustituirlo.
Seguramente, que Windows 7 sea Vista más SP 2 o no, es secundario. Lo importante es el cambio irreversible de escenario.
La popularización (tímida pero progresiva) de Mac y Linux, y sobre todo el atractivo que exhiben sus nuevas propuestas, reduce la autoridad antes intocable de Windows: hoy otros sistemas hacen lo mismo no sólo mejor sino más bonito, seguro, estable y fácil.
La vitalidad de los ecosistemas de Mac y Linux contrasta con la elefantiasis de Microsoft: IExplorer, el síntoma más evidente.
Microsoft no se ha diseñado para la renovación sino para la expansión y la consolidación. Los cambios, en todo, obedecían, obedecen, a estrategias comerciales. Y sus usuarios son los primeros que, obedientes, se resisten a dejar XP.