O los 20. O los 8, da igual, aunque el 10 gana por goleada. Lo que importa es la selección, el ranking, la lista.
Con el fin de año llega la listitis, la rankitis. Los mejores escritorios, las mejores imágenes, las peores webs, las fotografías más, los trucos más, las canciones más.
La fiebre por cuantificar, por jerarquizar, por ordenar. ¿Reacción de supervivencia ante una economía de la abundancia que nos ha saturado de estimulos a lo largo del año que se nos va?
Los blogs vienen estos días llenos de clasificaciones y listas de los más-lo-que-sea.
No nos conformamos, como se hacía hasta hace poco, con hacer balance como cualquier institución al acabar una temporada.
No, estos posts que nos inundan de los más son un conjuro contra la entropía que amenaza con engullirnos: ah, qué alivio saber cuáles son los 10 vídeos más populares de YouTube! De repente, los millones de vídeos que nunca podríamos visitar dejan de ser importantes y quedamos exentos de conocerlos.