22 Diciembre, 2008

La Navidad no es obligatoria

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Las Navidades no son sólo unas fiestas religiosas (sic), familiares o culturales. Son sobre todo unas fiestas comerciales: la apoteosis del consumismo, ritualizada en un complejo sistema de actos socioafectivos que van desde las cenas a los regalos.
Entre ellos, los electrónicos y tecnológicos. Renueva tu PC, hazte con un netbook, actualiza tu cámara fotográfica, pon un LCD Full HD en el salón… En realidad, los mismos que nos ofrecen los catálogos durante todo el año. Pero en Navidad tienen otro sabor: las pantallas y los pendrives están caramelizados con el calor del cariño y los abrazos.

La Navidad pone de acuerdo a casi todo el mundo. Es algo así como la tregua universal. Sin embargo, a algunos no nos gusta especialmente. Nos parece cursi, sobreactuada, regresiva, estresante. Por no decir simplemente absurda.
No sé si entre los lectores y suscriptores de este blog hay agunos de esta especie rara a la que la Navidad agobia por su omnipresencia. De ser así, sólo un recordatorio que a veces nos cuesta mantener: la Navidad no es obligatoria. No hay policía encargada de perseguirte si no cumples con todos los protocolos de la época, aunque es cierto que tu mamá o los abuelos pueden ejercer una presión más insoportable que cualquier fiscal.
Pero liberarse tiene este precio.

Las primeras feministas o los negros que salieron de su gueto hace unas décadas o los homosexuales que reclamaron sus derechos en países donde ahora pueden casarse… lo tuvieron peor.
Tras la Lotería, llegan las uvas, el champán (perdón, cava), el turrón, el belén, los Reyes, el desfase de la Nochevieja, la misa del gallo, el discurso del Rey, las campanadas, las comilonas y los brindis: es difícil distanciarse de tanta felicidad. Y si además un amigo o un pariente te regala un Sony Vaio, es imposible.

Si el enemigo es más fuerte que tú únete a él, dice el refrán.
Pero hay otra frase hecha que nos recuerda: perder una batalla no significa perder la guerra.
Felices días vacacionales.

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