Después de dos años de matrimonio.
Warner fue el primer novio formal de YouTube, antes incluso de ser adoptada por Google, y se comprometieron públicamente a generar una amplia descendencia: Warner aportaba como ajuar el 20% del mercado discográfico de EEUU, y YouTube una red millonaria en usuarios que no para de crecer.
A la Warner le siguieron algunas de las grandes discográficas (EMI, Sony, Universal, Vivendi), con ganas de repartirse el pastel y firmaron sus propias capitulaciones matrimoniales.
La familia bien avenida ha empezado a romperse. El novio oficial quería más. Desde la posición predominante que confiere el estatus del pedigrí (las discográficas cargan décadas de poder a sus espaldas), exige mejorar el contrato. ¿Con la amenaza de volver a las andadas de las denuncias, tribunales y abogados?
Google se ha hecho fuerte y no ha cedido. Se queda en casa y con la casa, mientras el novio se lleva todas sus pertenencias: miles y miles de vídeos musicales de Warner, fuera de YouTube.
¿Será que YouTube, tras unos meses de eclosión (publicidad, formato panorámico, buscador, alta calidad, indexación de texto, síntesis de voz, traducción de subtítulos…) está dispuesto a echar un pulso y disfrutar de su recién recuperada soltería (provisional)?
Mi pronóstico: el novio volverá a llamar a la puerta
La nota de prensa de la ruptura, escueta al estilo Google, en el blog oficial de YouTube