Por imprudencia de sobrado:
1. Contraseñas débiles
2. Entrar en el sistema como root (gracias, distribuciones modernas, por ponérnoslo difícil)
Por pereza (“mañana me pondré”)
3. Postponer las actualizaciones
4. No hacer backups
5. No consultar los registros y logs
Por prolongar nuestra condición de dummies:
6. Confusión con el sistema de permisos
7. Instalar software desde distintas fuentes (pongo y quito repositorios, descargo paquetes.deb y .rpm)
8. Ejecutar un servidor desde un entorno gráfico
9. Rehusar la consola
10.No actualizar el kernel
Fuente: Brajeshwar
Vía Muy Linux

A veces no es pereza, actualizar Ubuntu, no es nada “ordinario”. Y lo pero es que al terminar tienes que volver a configurar un monton de cosas. Yo trato, pero la verdad es que toma mucho tiempo y no todas disponemos de el.
Comentario por Kelly — 11 de Diciembre de 2008 @ 9:43 am
Y digo yo, “si funciona no lo toques…” dicen. Pienso que si uno pierde horas en optimizar y configurar todo hasta que funciona casi perfecto (nada es perfecto, nada es absoluto) no será mejor dejarlo como está?
Si hablamos de actualizaciones de seguridad la cosa cambia, está claro.
Saludos
Comentario por jaime — 12 de Diciembre de 2008 @ 1:51 am