El caso típico: un político abre un blog en época electoral. Tras las votaciones, el blog decae. ¿Demagogia, estafa? Quizás pero también realismo: un blog lleva demasiado trabajo.
A cuántos no nos habrá pasado algo parecido. Rebuscar temas, adaptar algo de código, gestionar la publicidad, revisar y contestar los comentarios… Sin darnos cuentas, hacemos un poco de periodistas, reporteros, divulgadores, diseñadores, desarrolladores, editores de imágenes, publicistas, moderadores, emprendedores
Tras el entusiasmo inicial, el peso de la obligación, el ahogo de la rutina, la tentación de aparcar el blog.
Después de haber leído algunos comentarios al post en el que comentaba la novedad de incluir otra vez publicidad en este blog, vuelvo a preguntarme: ¿por qué seguimos escribiendo?
Creo que hay varias respuestas, que se corresponden con las distintas categorías de blogs. Con las distintas motivaciones y objetivos:
1. Visibilidad (proyección, popularidad) complementaria a la que ya tiene el/la blogger en la vida real y en su ámbito profesional, que así se retroalimenta. Cuesta poco esfuerzo ya que existe un público preexistente por el que no hay que pelear.
2. Comercial. Monetizar cuanto antes el blog como fuente de ingresos. Anuncios, integración en alguna red de blogs, intercambio de enlaces, multiplicación en comentarios, foros, redes… como medios de captar audiencia
3. Personal. Satisfacción de saberse leído, expresión de algún tipo de afición o pulsión, realización alternativa a la que ofrece el ámbito profesional
Seguramente, el blog más difícil de mantener es el que entra en el tercer supuesto, y el que más dosis de automotivación exige.
Existen fórmulas para combatir el desánimo que de vez en cuando aparece. Seguro que las conoces: la desconexión puntual es la más efectiva. Pero creo que sobre todo es importante sincerarse. Nada peor que decirse que uno escribe por pura satisfacción personal cuando en el fondo lo que le frustra es no conseguir la visibilidad que esperaba o los ingresos que le habían ilusionado.