Medallero y ranquitis

Agosto 26th, 2008 | por emiligene

Hemos seguido las Olimpiadas como si realmente nos interesasen los deportes. Hemos visto combates de taekwondo (¿se escribe así?), nos hemos emocionado con la historia personal de alguna gimnasta, hemos contemplado las pruebas eliminatorias de salto en piscina, nos hemos indignado con injusticias en voley playa y hemos vibrado con algún sprint de ciclismo en pista. Y todo ello y mucho más cuando en realidad a lo largo del año ni nos acordamos de que exista el balonmano, la jabalina, la lucha grecoromana o la doma ecuestre. De repente nos apasiona la vela clase Fortinainer (¿se escribe así?) o el piragüismo K4 (¿es este?), que al margen de las Olimpiadas ni se nos ocurriría contemplar durante una larga mañana de domingo.

Será por la presión mediática.
Pero también por el estímulo pavloviano que nos empuja al recuento diario de las medallas. Cuántas llevamos, qué posición ocupamos… Sin medallas no habría Olimpiadas, o al menos no nos identificaríamos con la pasión nacional(ista) con que lo hacemos.
En el fondo, una cuestión de ranquitis.

La misma pulsión que se experimenta en la blogosfera, y que tan agudamente ha criticado De Ugarte por lo que tiene de elemento falseador de la realidad.
Qué puesto ocupo en este ranking o en el otro o en el otro. Cuántos enlaces entrantes he sumado este mes. Qué PageRank tengo. Cómo estoy en Alexa…

La ranquitis en la blogosfera tiene un origen distinto al de las Olimpiadas y demás Ligas y Copas deportivas del mundo, aunque el destino final es parecido: medir el valor económico del producto, llámese equipo, jugador o blog. Cuál es su cotización.

En la blogosfera, sin embargo, sirve a otros propósitos.
En cuanto al usuario, los rankings le ayudan a ubicarse. Por muy artificial que sea la clasificación, puede funcionar como pista en un ámbito con síntomas de overbooking.
En cuanto al editor, son el mejor feedback para su ego. Si el ranking es favorable y muestra una tendencia positiva. Si no es así, nada más aconsejable que prescindir de los rankings y concentrarse en disfrutar de lo que uno escribe.

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