Por aquello de “¿dónde vas Vicente?, donde va la gente?”, los iconos informáticos y de Internet también se fabrican de acuerdo a este principio economicista.
Cuando más saturada la oferta (y esta es la tendencia en el mercado digital), más selectiva se vuelve la demanda.
Como usuario masivo, no puedo ni quiero probar todos los productos, ni todas las versiones ni todas las marcas. No quiero tan siquiera saber cuáles son ni sus características.
Entonces, ¿cómo elijo?
Aquí entra la publicidad, esta artillería pesada que se gasta miles de millones en la promoción de un producto para intentar que te caiga bien, que te fíes de él. Que lo asocies a una categoría, un paradigma.
Microsoft lo consiguió durante décadas en el ámbito de la informática de usuario, y ahora Apple consigue investirse como prototipo de informática cool. O Google como sinónimo de buscador en Internet.
No todo, pues, se consigue mediante publicidad. También el posicionamiento es decisivo. La marca que llega primero, la que más se ve, la que tiene algún tipo de exclusividad.
Blackberry equivale a push email: el correo en tu móvil sin que tengas que comprobar periódicamente tu cuenta y con una tarifa asequible para el mercado corporativo y profesional.
Este liderazgo le permite resistir holgadamente, al menos por ahora, la presión de las nuevas modas: el último semestre ha mejorado sus resultados en EEUU, ocupando el 10 % del mercado.
Por contra, iPhone se está haciendo con la vitola de experiencia de usuario y navegación en Internet. Curiosamente, ambos productos vienen con una cámara más que insuficiente. No importa. Tienen sus fans, un público adicto que ya ha definido su opción en el infinito mundo de la telefonía móvil.
Applesfera publica un vídeo que compara las diferencias a la hora de navegar entre ambos dispositivos. Por supuesto, el iPhone con Safari gana. Pero esta Blackberry Bold mantendrá la exclusividad de ser el referente en push email gracias a la inteligente estrategia comercial de RIM.
