Seguro que conoces (y tal vez has vivido) la nostalgia del pasado.
Pero, ¿nunca has sentido como una pérdida la imposibilidad de vivir dentro de 50, 200 o 600 años? Y no me refiero a la frustración que nos produce lo inevitable de la muerte, sino a la conciencia difusa de que estamos viviendo en una época demasiado imperfecta. En lo social y en lo tecnológico. En la dimensión planetaria pero también en la cotidiana.
¿No imaginas a veces cómo podrá ser la vida en un futuro? Sin odios raciales ni desequilibrios económicos. Sin hambre ni epidemias. O sin decadencia física en la vejez. Comunicación telepática, alimentación sana, soporte científico en la elección de pareja, amistad o trabajo, corrección genética universal de cualquier malformación…
Un escenario que ha construido con muchas variantes la literatura de ciencia ficción, pero que hoy día ya es casi patrimonio de cualquier ciudadano, familiarizado con avances tecnológicos espectaculares como los que se anuncian en los diarios o se incorporan a nuestra vida.
Existe la nostalgia del futuro. Por mucho que nos amenace el cambio climático, las grandes migraciones o el agotamiento de los recursos naturales: es imposible que nuestra época sea el final de la evolución. Demasiada mezquindad en lo sicológico, demasiada potencialidad en investigaciones en marcha.
Imaginando cómo vivía la Humanidad sólo unos siglos atrás (mujeres sin ningún tipo de derechos, mortalidad infantil, esclavismo, sin agua corriente ni vacunas ni analgésicos…) podemos hacernos una idea de cómo se compadecerán de nosotros los habitantes del futuro.
Muy buen post, nostalgia por el futuro es justamente lo que sentí al enterarme de que Japón quiere construir un ascensor al espacio.
http://somnusintenebraeblog.blogspot.com/2008/09/un-ascensor-al-espacio.html
Freddy
28 sep 08 at 7:59