
Un nuevo buscador en el mercado. ¿Un killer Google? Esto ya se ha convertido en algo así como la búsqueda del Santo Grial: el algoritmo de Google, la fórmula más rentable de toda la historia de Internet.
Cuil, obra de una ex-empleada de Google y su esposo, se presenta con ínfulas de almacenar más páginas indexadas que el Gran Padre al que quieren matar (Google ya ha trascendido la categoría de Gran Hermano).
Desplante en vano, cuando descendemos a la cotidianada realidad: los resultados son más pobres e irrelevantes.
Por contra, la interfaz es atractiva. Y gana en minimalismo a la del propio Google.
También en su haber: agrupa los resultados en categorías, que se muestran en pestañas: una forma estructurada de organizar la información que se agradece, pero que igualmente adolece de imprevisibilidad.
Da la impresión de una salida en falso.
Por ejemplo, Google se asomó a Internet sin hacer ruido. Quizás a este buscador le falta tiempo y rodaje, y a sus creadores humildad para que llegue a convertirse en lo que promete ser.
Para colmo de males o desgracias, el sitio se cae, se recupera y se vuelve a caer. Y encima, algunas búsquedas devuelven enlaces que huelen a spam