Recuerdo a una profesora de Filosofía que tuve en el Bachillerato cuando todavía no sabíamos qué podía ser eso de Filosofía. Sólo me quedaron dos cosas de todo lo que explicó. Una, que Sartre se había negado a recoger el Nobel. Dos, que existía una sabiduría empírica, asociada a la observación cotidiana y propia del mundo rural.
Le faltó añadir que esta sabiduría muchas veces es capaz de rebatir el conocimiento científico mediante el puro cachondeo.
El humor (perdón, la sabiduría) popular es inmune a los vaivenes políticos y a las revoluciones teconológicas.

Visto en Los pollitos dicen