Getaferesaca. Fútbol y literatura
11 Abril, 2008 | Escrito por emiligene | Categorías: despuesdeG | | 5 lecturas(Disculpen el off topic. Como anuncia el título, este post no va de tecnología sino de fútbol.)
No quería ver el partido de ayer, como me pasa siempre que me temo un resultado adverso o humillante. De entrada, estaba a favor del Getafe, no por patriotismo sino por la simpatía que suelen despertar los débiles: un modesto novato contra un potentado con pedigrí.
Pero en un zapping me encontré que el Getafe ganaba 1-0 en la segunda parte, y me quedé. Mayor tensión imposible: el Geta jugaba con 10 desde el minuto 4, por expulsión de un jugador. El Bayern en tromba y el Geta sufriendo. Un combate desigual y emocionante: dos equipos totalmente metidos en su papel que inevitablemente abducían el interés del espectador, como pasa con las películas que te cautivan: guión impactante, final imprevisible, actuación sobresaliente.
Hasta que llegó el 1-1, en el último minuto del partido.
No quise ver la prórroga. Apagué la tele para no ver la debacle y me fui a Internet. Sólo al cabo de unos 20 minutos consulté en la Red la marcha del partido. Ganaba el Getafe 3-1!!!!!
Tuve que repasarlo varias veces. No me lo podía creer ni menos entender. Volví a la tele. Euforia, optimismo. La hazaña, la gesta, la épica. Y la satisfacción íntima de una reparación: los humildes tienen derecho a la gloria.
No cuento el final. Todos lo conocemos. Decepción. Incredulidad. Lágrimas
Y entonces se revela la razón (perdón, otra; hay muchas más) del éxito multitudinario del fútbol. Mientras el cine pierde espectadores y sus productores reclaman subvenciones, los estadios y las teles se casi llenan de fútbol todos los domingos, martes, miércoles y jueves. Millones de espectadores, que repiten y repiten. Una realidad abrumadora, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de partidos suelen resultar aburridos.
Y es que el fútbol es más que una película o una novela. No hay crítica ni comentario ni reseña previos que nos aseguren un determinado desarrollo o desenlace. El milagro, al acecho. Que puede saltar en cualquier momento, como estuvo a punto de suceder ayer. ¿Quién no espera un milagro en su vida? Por eso, millones de personas aguardan, fieles a sus colores, fans de sus actores: todos participan, en riguroso y democrático directo, de un final que no está escrito en el guión.
Este no es un blog de fútbol ni de deportes ni siquiera de sociología. Quedan por decir muchas cosas del fútbol como espectáculo y religión. Pero añado una pregunta: ¿por qué es tan desequilibrada la audiencia? Un público mayoritariamente masculino en una época unisex y paritaria.
Avanzo una hipótesis: las mujeres se resisten a la épica, apegadas al realismo de la vida cotidiana. En todo caso, como válvula de escape, prefieren el romanticismo.
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