Quién escribe lo que escribe

2 Febrero, 2008 | Escrito por emiligene | Categorías: blogosfera | | 4 lecturas

Nunca se me ocurriría hablar por el móvil con mi esposa cuando ambos estamos en la sala de nuestra casa, por mucho que la tarifa fuese gratuita. No es cuestión de economía doméstica sino de sentido común aplicado a la idiosincrasia comunicativa.
Por algo existe el llamado contexto, que refuerza o debilita una comunicación en función de que se adecúe o no a las circunstancias en que se produce.

Lo mismo me pasa con la Red. No acabo de entender que se use como medio de comunicación sustitutivo de la que podría darse en la realidad física. Algo asi como si estuviésemos convirtiendo Internet (email, twitter, mensajería instantánea, redes sociales…) en una extensión ortopédica de nuestra habilidad natural para comunicarnos de forma más directa.

No hablo del ruido, esta amplificación de mensajes que satura por la cantidad y gratuidad: es tán fácil enviar un sms, reenviar un pps. Por la facilidad y la comodidad: ya que estoy frente al ordenador… Me refiero a una tendencia generalizada a traspasar un ámbito comunicativo a otro: lo que podríamos charlar con los amigos, familiares y compañeros de trabajo se traslada al móvil y a Internet.

De ahí a una mixtificación de la autoridad en la Red hay medio paso. Entiendo Internet (foros, chat…) como un medio virtual y anónimo (o no) básicamente abierto. Me gusta de Internet su ubicuidad: es el espacio en que mejor se cumple aquello de “sin discriminaciones por razones de edad, raza, religión o sexo”.
Sin embargo, la contaminación de la Red neutraliza este carácter multilateral que la caracteriza por naturaleza.

Se entenderá mejor con un ejemplo: Un ministro inaugura blog en tiempos de elecciones. O un deportista de élite mantiene su web personal entre anuncio y anuncio. Internet deja de ser un espacio indefinido donde buscar para reducirse en una guía organizada donde encontrar.

Los personalismos (que el famoso de turno, que si mi primo, que si el profe de mi Universidad, que si el tipo que estuvo a punto de suicidarse…) deberían diluirse en la Red para quedarse en el ámbito familiar de encuentro o en el escaparate mediático de la televisión basura.

Si no mantenemos la identidad imprevisible y sin autoridades exógenas, acabaremos leyendo en la blogosfera a Fulano por ser Fulano (o peor: socio de Fulano, ex de Fulano…) Nos dejaremos atrapar por quién escribe y no por lo que escribe. Una lástima, porque nunca la Humanidad había tenido tanto material y de tanta calidad por escoger.





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