En algún que otro post me he referido a una sutil crisis de contenido que afecta al cine desde hace años. La industria, empujada por la competencia de la televisión o los vídeojuegos, ha optado por reforzar la espectacularidad de sus productos como gancho. Efectos especiales de todo tipo. ¿Y las historias, los personajes, los argumentos? Siempre se puede tirar de los clásicos, de best sellers literarios… El remake (explícito o disimulado) como recurso infalible.
La actual e insólita, por lo larga, huelga de guionistas es un todo un test sobre el grado de influencia (necesidad o dependencia) que tienen los estudios respecto a su trabajo. Por ahora no parece que sean imprescindibles, cuando los productores (pelis, teleseries…) han conseguido sobrevivir tanto tiempo sin guionistas: una forma contundente de recordarles que son unos obreros reemplazables en la cadena de producción.
Previsiblemente, el prestigio y la autoridad (autonomía creativa, sueldos…) de los guionistas quedará debilitada. Al margen de la solución final de la huelga, la industria del cine se apoya cada vez menos en sus escritores.
El canal de cine clásico TCM ha aprovechado la coyuntura para reforzar la calidad definitiva de su oferta: su anuncio en forma de carta a los guionistas en huelga les hace saber que su lucha no tiene sentido. Después de todo, las grandes películas ya han sido escritas.

Vía Advertolog