Pasada la Nochevieja, se acaba el simulacro de paz y amor que nos ha ocupado estos días.
De la misma forma que al amor es una tregua espontánea e individual en la guerra de los sexos, las fiestas de Navidad (¿mejor llamarlas simplemente fiestas de invierno?) funcionan como tregua ritual y colectiva en la guerra cotidiana de la convivencia y el trabajo.
1 de enero, fin de la tregua; ahora sólo nos quedan unos días de resaca mientras se prolonga el paréntesis escolar para volver a la guerra de la supervivencia y las rebajas