La teoría de la larga cola explica cómo existe una relación inversamente proporcional entre la dimensión de una variable y su efecto. Cuanto mayor es, menor resulta su impacto; cuanto menor, mayor es su influencia.
En los desastres naturales: un tsunami provoca grandes daños. Mientras, los pequeños accidentes domésticos son continuos pero apenas dejan rastro.
Lo pequeño es lo más influyente: unas pocas familias concentran el poder económico en las sociedades tercermundistas. También en la selva: una minoría de animales depredadores impone su ley a una mayoría.
En definitiva: el triunfo de las minorías. Se supone que la civilización industrial (democrática, capitalista y burguesa) ha roto este esquema imponiendo la producción y distribución en masa, creando una sociedad de mayorías que supera históricamente las sociedades elitistas (típicas de países no desarrollados que siguen un esquema feudal o esclavista) y por supuesto las estructuras salvajes del mundo animal basadas en la fuerza.
Sin embargo, parece que actualmente volvemos a la larga cola.
Pero Internet recupera otro modelo de la larga cola: esta deja de ser un sujeto pasivo para convertirse en escenario de posibilidades. En la larga cola de usuarios pobres o simplemente mileuristas pueden surgir nuevos y variados negocios.
Las grandes discográficas que apuestan por unos títulos estándar de distribución masiva serán sustituidas por la venta directa de muchísimos y diversos títulos, cada uno de los cuales promocionado al margen de las costosísimas y centralizadas campañas publicitarias.
Internet no es limitado como las salas de cine, las tiendas, los almacenes o las fábricas. Internet significa la abundancia de la diversidad, abierta además a la curiosidad de los miles de millones de internautas. Un escaparate infinito en el que el usuario puede rebuscar hasta dar con el producto minoritario que de esta forma puede crear su propio nicho de negocio exitoso. Ya no hay que someterse al burocratismo y a los intermediarios.
El modelo de la larga cola se parece al de la blogosfera primera: unos pocos blogs se reparten fama y autoridad, mientras que decenas de miles de blogs no salen del casi anonimato.
Se supone que la blogosfera hará el cambio (si no lo está haciendo ya) desde un modelo elitista a otro diversificado. De la antigua larga cola a la moderna larga cola. Y si no lo hace, mal síntoma. Porque significará que reproduce un esquema típico de la cultura aristrocrática, dominada y hasta monopolizada por unos pocos.