No sé en qué ciudades o países se recurre al método de sincronización automática de los semáforos, el cual actualiza su señal en función de que detecte la proximidad de un automóvil. En la práctica eso significa que si se acerca un coche a un semáforo en rojo este activa su mecanismo para pasar a verde lo más rápido posible.
Pero resulta que tal detección sólo afecta a los coches, no a las motos (¡¡y no digamos a las bicicletas!!): un ejemplo contundente de cómo nuestra cultura viaria está dominada por los coches.
En el vídeo de arriba, una solución casera para remediar la discriminación. Con un simple Neodymium imantado en la parte inferior de la motocicleta, el semáforo reacciona como si se tratase de un coche.