¿Paradoja?: el software libre cumple con los estándares.
En realidad, el adjetivo “libre” puede resultar engañoso, ya que el adjetivo no se refiere a la libertad del individuo o de la empresa sino a la del código. Por eso, el software libre respeta los estándares mientras el privativo tiende a desarrollar los suyos propios: es la única forma de asegurar un desarrollo transparente y eficaz, por encima de las ambiciones empresariales o de los caprichos profesionales de los programadores. Nadie puede apropiárselo.
¿Paradoja?: un mundo más reglamentado o estandarizado garantiza la libertad de los individuos. Nos protege de los intereses de las grandes corporaciones.
Me recuerda el principio básico de cualquier disciplina artística. Cuanto más se conocen, respetan y practican las normas, más creativo se puede ser (Excepto en algunas manifestaciones de arte contemporáneo que son puro marketing dirigido intelectuales y nuevos ricos)