Linus Torvalds, un joven informático, invitó en 1991 a la comunidad de la lista de correo comp.os.minix a participar en su proyecto de un kernel abierto para un sistema operativo igualmente libre, con estas famosas palabras:
“Si suspiras al recordar aquellos días cuando los hombres eran hombres y escribían sus propios drivers. Si te encuentras sin ningún proyecto interesante y te gustaría tener un verdadero sistema operativo que pudieras modificar a tu gusto, si te resulta frustrante tener solo Minix. Entonces este artículo es para ti”.
Siempre me ha llamado la atención esta frase: “aquellos días cuando los hombres eran hombres y escribían sus propios drivers”. Tiene un indudable tono mítico pero al mismo tiempo nostálgico. ¿Expresa un cierto rechazo a la irreversible popularización de la informática en nombre de una época anterior protagonizada por una élite de esforzados profesionales y universitarios?
Afortunadamente hoy usan Linux muchas mujeres que no sabrían escribir sus propios drivers.
Recuerdo los tiempos heroicos de Linux, cuando sólo la instalación ya suponía toda una aventura iniciática.
Pero prefiero los actuales. Entonces, los hombres que se tenían por hombres te contestaban en las listas de correo con un despectivo “man lo_que_sea” cuando planteabas tus dudas.
Siempre es negativa la existencia de castas, y Linux corrió el peligro de quedar estancado a manos de orgullosos gurús.
Sinceramente, creo que Linux ha crecido (y seguirá creciendo) por la fuerza del software libre: no es de nadie.
Ni siquiera de los gurús que lo han creado.


