Y no me refiero a darle vueltas a la maquetación, ni a “pesar” el tamaño (¿excesivo?) de la portada, ni a fisgonear en las estadísticas (¿demasiado bajas?), ni a luchar con el sidebar, ni a rebuscar en la lista de comentarios, ni a trastear en las opciones de tu CMS que todavía no dominas, ni a seguir la ruta de algún enlace entrante, ni a replantearte por enésima vez un cambio de theme, ni a revisar la ortografía o la estructura de los posts incluso después de haberlos enviado
Me refiero simplemente a leer.
Tantos blogs de los demás como lees, ¿lees el tuyo? Quiero decir con tiempo y distancia, sopesando su calidad e interés. Con ojo crítico y con curiosidad.
Respondo a la pregunta: nunca leo mi blog.
Y creo que es un error. En parte, porque impide que sedimenten las muchas anotaciones que vas produciendo. ¿No te ha pasado nunca que vas a escribir sobre algo y antes de hacerlo rebuscas entre tus posts por si acaso, y resulta que le dedicaste un artículo hace apenas uno o dos meses?
Quizás es inevitable escribir (en definitiva vivir) inmersos en la vorágine de un mundo que no para de producir noticias, realidades. Pero estaría bien tener tiempo de tanto en tanto para adquirir una perspectiva realista de tu propia producción. De tu propia vida.
¿Quién no ha sufrido en plena calle un ataque inaplazable de ganas de ir al baño?