Los escépticos y alérgicos a Second Life o World of Warcraft se quedarán sin argumentos.
Cada vez son más frecuentes las soluciones globales que integran en la web vídeo, imagen, texto, mapas… Algo que ya nos resulta normal, sin darnos cuenta que estamos en un proceso de construcción de una verdadera dimensión virtual. Pero todavía somos reticentes a sumergirnos en metaversos y sitios tridimesionales. Quien recuerde películas como El cortador de césped (1992) estará de acuerdo en que el tratamiento del sexo virtual, por ejemplo, era simplemente apocalíptico.
Desde los experimentos del VRML (un lenguaje semejante al HTML con el que poder generar escenas y objetos tridimensionales navegables y manipulables en Internet mediante visores específicos) hasta hoy se han sucedido muchos proyectos, aunque seguramente no se han popularizado hasta ahora mismo.
Pero existe una resistencia a adoptar esta nueva web virtual, más allá de experiencias concretas casi siempre lúdicas. Por eso, resulta interesante cualquier iniciativa que amplíe esta propuesta en entornos normalizados.
Google Earth es uno de estos ámbitos generalizados que no levantan sospechas, seguramente porque salvaguardan nuestra identidad clásica de navegante y observador: nos movemos a través de un planeta casi virtualizado (las reconstrucciones 3D de espacios y ciudades ya no son algo insólito) sin que este nos “abduzca” obligándonos a reencarnarnos en un avatar. Nos evita el miedo atávico de perder el alma como les sucedía a los primeros que contemplaron su propia fotografía.
Google Earth incorporará sonidos grabados a lo largo de 40 años en todo el mundo, propiedad de la empresa Wild Sanctuary, y que ocupan nada menos que 3.000 horas de audio. No sólo comprende muestras de todo tipo de paisajes (urbano, rural, salvaje…) sino que además se corresponden con distintos momentos históricos.
Con lo cual, al proyecto de poder viajar en el tiempo por una ciudad mediante la superposición de distintos modelos de diferentes épocas, se suma esta otra posibilidad de adentrarnos en ambientes sonoros organizados diacrónicamente.
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He visto contadores telefónicos en algunas casas en las que los diversos inquilinos querían controlar el consumo individual a la hora de repartir proporcionalmente la factura mensual.
Un sitio en Internet denominado 
Aunque no puede sernos de gran utilidad práctica inmediata (se circunscribe a territorio norteamericano),