
Cuando los lectores quisieron publicar en Digg el famoso código hexadecimal con el que desproteger los HD-DVD, empezó la guerra.
La industria amenazó a Digg, Digg censuró a sus lectores, los lectores se rebelaron e inundaron Digg con el bendito código, Digg vio la luz y donde dijo digo dijo Diego, se puso heroicamente al lado de sus lectores, a ver la demanda judicial y la multa que le puede caer.
En fin, que fue una guerra. Bella por la carga utópica de un libertarismo solidario que ya sólo puede darse en Internet. Intensa y universal, porque traspasó los límites de los iniciados y gurús.
Pero los mayores negocios siempre se han hecho en las guerras, aprovechando el hambre física y la borrachera sicológica colectiva que se despiertan.
A la guerra de Digg ya le han salido negociantes y pícaros.
Para despistar a la policía, algunos trasladaron la serie hexadecimal a los colores correspondientes (al fin y al cabo, todo se reduce a bytes)
Y ahora en Australia otros cogen los colores, los guarismos y diseñan camisetas, que ya puedes encargar.