La fotografía tenía que eliminar el dibujo y la pintura. La prensa tenía que acabar con la literatura. El cine tenía que ser el asesino del teatro. La televisión tenía que jubilar la radio.
Pero nada de esto sucedió. Por tener, incluso tenemos el mejor circo de todos los tiempos, justo en la época de la tecnología, la robótica y la dimensión virtual.
E Internet tenía que liquidarlo casi todo. El papel, la lectura, el estudio, la cultura… Pero nunca desde que uso Internet había leído yo tanto ni imprimido tantas hojas ni curioseado o investigado con tanto material a mano. Según The Inquirer, los internautas leen más que sus colegas librescos; una afirmación obvia para quienes estamos suscritos a 300 o 400 feeds que consultamos casi diariamente, pero todavía desconcertante para quienes ven en la web la decadencia del mundo occidental.
Como sabemos, los paraísos perdidos no existen, son sólo coartadas para quienes se aferran a personas o paisajes que el tiempo ha dejado atrás.
Las nuevas tecnologías (¿hasta cuándo se empleará tal expresión provinciana?) no llegan al mundo con ánimo destructivo. Es más, suelen funcionar como revulsivo creativo como efecto colateral: el cine revolucionó el teatro, de la misma forma que la fotografía estimuló la pintura.
Internet nos ha hecho más lectores. Mejor dicho: distintos.
La evolución (como asegura la ley de Einstein) nos transforma.
Y no sólo leer, sino escribir, quien más quien menos, tiene un blog o deja sus comentarios, o se pasa el día escribiendo correos-e.
El Pejeverde
6 abr 07 at 12:04
Jaja, es cierto!!!
emiligene
6 abr 07 at 12:15