
Fabricantes turcos de calcetines han regalado una docena de pares a Paul Wolfowitz, el presidente del Banco Mundial que hizo famosos sus calcetines agujereados al descalzarse el otro día en la mezquita de Edirne (Turquía).
¿Un gesto de buena voluntad en las siempre tensas relaciones entre Islam y Occidente?
Al menos se agradecen episodios como este, costumbrista y tontorrón, en una historia de desprecios mutuos y amenazas continuas.
