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internet y pos(t)modernidad


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El capitalismo líquido de Google

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He escrito en otras ocasiones sobre el imperio Google. Discreto y versátil, se diferencia del de Microsoft en que se expande de forma más sutil: ¿cómo comparar al gigante de los sistemas operativos y de la ofimática con un humilde buscador?
¿Cómo igualar al hombre más rico del mundo, un Bill Gates que aparece en portadas, reportajes y películas, con alguno de los casi desconocidos empresarios de Google?

Sin embargo, Google batirá a Microsoft.
En primer lugar porque es el amo indiscutible de la publicidad online. Y vamos hacia un modelo de uso informático basado en web que se financia mediante la publicidad.
Por supuesto continuarán existiendo y empleándose las aplicaciones individuales de escritorio pero aumentarán de forma exponencial las herramientas colaborativas y redistribuibles de la web 2.0 (o de la web 3.0, una vez se haya popularizado y estandarizado la web semántica) La mayoría de estos programas online son y serán gratuitos, y se sostendrán gracias a la publicidad como la gran mayoría de blogs y portales actuales.

La publicidad como soporte de Internet.
Una publicidad no intrusiva y personalizable como la que ha diseñado Google, que no se conforma con casi monopolizar la publicidad en Internet sino que extiende su poder a la prensa, la radio, los vídeojuegos o las terminales virtuales de kioskos. A punto de dar el salto al resto de medios, Google dominará la publicidad mundial. De hecho, ya se está planteando entrar en el negocio de la publicidad en televisión o en la publicidad geolocalizada y en la que se incrusta en la información servida a dipositivos GPS.

En segundo lugar, por su capacidad sorprendente de transformación. ¿Qué es Google? No hay actividad informática en la que no esté implicado. Su diversificación parece no conocer límites: la lista de herramientas y proyectos del ecosistema Google es realmente impresionante. Y además está en proceso continuo de cambio y adaptación.

En tercer lugar, por su atrevimiento. En vez de una empresa dedicada al software en línea parece una empresa de capital riesgo. ¿A quién se le ocurre pagar 1.500 millones de euros para comprar un sitio social de vídeos, teniendo en cuenta además que Google ya contaba con el suyo propio?

Estas y otras características se asemejan al modelo de capitalismo moderno retratado por Richard Sennet, en el que lo importante es la adaptación, la potencialidad, la impersonalidad, el cambio, la versatilidad. La aceleración y diversificación, en contra de la estabilidad y especialización del capitalismo clásico de la producción en serie.
La economía líquida, un flujo incesante de capital deslocalizado en busca de la mejor inversión, se personifica en las empresas dedicadas a las auditorías o a la ingeniería financiera, donde los responsables no tienen contacto directo con los puestos de trabajo y que deciden en función de cálculos ajenos a la realidad humana defendida por los sindicatos.

¿No este es el mismo modelo de Google cuando adopta abstrusos algoritmos para determinar la idoneidad de los aspirantes a las plazas que diariamente debe cubrir (doscientas por semana)?
Google recibe unas 100.000 currículums al mes, y esta avalancha justifica el filtro establecido por Google a la hora de valorarlos.
Sus tests ahora incluyen preguntas del tipo “¿Trabajaste paseando perros?”, “¿Tienes un récord mundial en alguna especialidad deportiva?” o “¿Has fundado alguna ONG?” (vía Baquía)
Exactamente, la misma impenetrabilidad analizada por Sennet en los tests modernos (impersonales, inasibles, indescifrables) que permiten al jefe de personal y al sicólogo de turno detectar potencialidades en unos trabajadores predispuestos a aceptar contratos basura o condiciones extravagantes. No sabrán por qué han sido seleccionados pero intuirán que deben demostrar su disponibilidad.

De alguna manera, el capitalismo moderno es territorio de pioneros, de aventureros dispuestos a colonizar países en vías de desarrollo o nuevas tecnologías. Y estos actuales emprendedores que están definiendo y construyendo un escenario nuevo necesitan reclutar una masa de obreros predispuestos al cambio: de actividad, de lugar, de grupo.
Google está preparado para la revolución permanente. No para de moverse.

Written by emiligene

enero 28th, 2007 at 1:56 pm

Posted in despuesdeG

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