La concentración y el poder
30 Diciembre, 2006 | Escrito por emiligene | Categorías: despuesdeG | |Llevo tiempo pensando que Google está aquejado de la misma enfermedad que atacó décadas antes a Microsoft. Gigantismo. O dicho de otra forma: voluntad de monopolio. Uno hizo lo propio con la ofimática, multimedia, navegación, programación y todo cuanto diese de sí un PC de escritorio, desde que descubrió el filón de la informática personal y el código propietario. Y el otro lo está haciendo con la publicidad y la Red desde que descubrió el trabajo colaborativo y el código redistribuible.
En los dos casos, la misma ansiedad de expansión, de multiplicarse en todas direcciones sin importarles que ya existan ámbitos y tecnologías ocupados con solvencia por otros fabricantes y otros estándares generalizados.
Microsoft y Google necesitan crear sus propias fórmulas en todos los campos, sin mostrar síntomas de cansancio. Al contrario: cuanto más espacio ocupan, más planes de expansión activan.
Cruel paradoja: en pleno siglo XXI, vivimos sometidos a prácticas monopolísticas imparables, que ni siquiera los tribunales de Justicia ni los Gobiernos han podido frenar. Cuando Internet es una realidad planetaria, de acceso universal y sin ningún tipo de control jerárquico; cuando la web 2.0 afianza las redes sociales y la participación, al tiempo que vive la explosión de los blogs como forma libérrima y multilateral de expresión, Google no para de crecer y arañar cuotas de poder, desde los buscadores a las redes de vídeo y la publicidad.
Paradoja, decía. La tecnología que mejor representa nuestra sociedad postmoderna es tan o más caciquil que las industrias que definieron el siglo XIX. Un dato significativo: el creador y presidente de Microsoft es el hombre más rico del mundo de forma consecutiva desde hace no sé cuántos años.
Pero es que, a otra escala totalmente distinta, hemos leído que los 100 usuarios más activos de Menéame o Digg monopolizan la mitad de las noticias que se publican. O que los diez sitios más vistos de toda Internet absorben casi el 40 % del tráfico total. O que las redes sociales están ocupando los sitios que hace 5 años ocupaban los portales (leído en Periodistas 21)
Los mismo perros con distintos collares. Como decía Lampedusa, “algo tiene que cambiar para que nada cambie”.
¿Somos tan incapaces de mejorar nuestro destino? Algún mecanismo importante nos falta y nos falla, a pesar de tanto progreso evidente e irreversible.
El futuro inmediato (apenas el año 2.050) previsto por ya todos los especialistas indica la gravedad de nuestros errores como especie: un planeta superpoblado, agotamiento de recursos naturales, efecto invernadero…
¿Después de Google? Un futuro incierto.
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