Pocas cadenas (o tiendas, o fábricas) reúnen tantas famas y leyendas como este supermercado sueco del mueble que convierte a la fuerza a sus compradores en aventureros del bricolage.
A los chistes e historias que concita IKEA, hay que añadir sus campañas publicitarias, de las que uno siempre duda si serán cutres por incapacidad creativa, marketing penoso o simplemente por pur voluntad de originalidad. En cuaquier caso, sus spots televisivos suelen contener grandes dosis de ingenuismo argumental y amateurismo formal.
No sé qué opinaréis, pero este me parece que se sale del guión. ¿O no?