Como si de repente se hubiesen despertado todos los demonios, todos los gamberros y todos los gilipollas de la red, me visitan desde hace unos días con entusiasmo febril.
Cuarenta, sesenta, cien mensajes que incesantemente remiten a enlaces indiscriminados en forma de lista comprimida, de vómito para turistas.
Curioso, durante meses estos visitantes eran educados y limitaban su aparición a mensajes del tipo “ay, querido, me encanta tu sitio” o “seguro que no será esta la última vez que visite tu web” o chorradas románticas por el estilo. Ahora, no. De golpe, han desaparecido aquellos enamorados pesados pero discretos para dar paso a una hueste de ametralladoras de ristras de enlaces aviagras, vuelos aéreos o yo qué sé más.
Bueno, esto es Internet, y me emociona ver cómo preocupa el tema a la Administración Pública, Ministerios, SGAE y demás autoridades autoencargadas de velar por la legalidad de la red. ¿Será que el spam es legal y por esto son respetuosos con sus desmanes? Qué maravilla.