Vamos a hacer un hueco hoy a una imagen que no tiene nada que ver con redes inalámbricas, web 2.0 o programación del lado del servidor.
Tiene que ver con la muerte y con el pasado, dos referencias prácticamente desterradas de nuestra época, volcada hacia la juventud y el futuro. Dos valores cogidos de la mano y emparejados contra natura, porque nada tiene que ver uno con el otro a no ser que ambos flotan en la irrealidad.
El tiempo transcurre con tal aceleración que sólo existe el futuro, tal como aseguran una y otra vez todos los futbolistas: “Sólo existe el partido del domingo que viene”. Quizás por el desgarro que supone vivir proyectado hacia adelante sin apenas posibilidad de disfrutar el presente o de elaborar el pasado, hemos convertido la juventud en referente de plenitud vital: desde la cirugía a la moda o el canon corporal, todo tiende a imitar el modelo juvenil.
Vivimos corriendo hacia el futuro (llegar al fin de semana, llegar a fin de mes, llegar a las vacaciones…) que realmente no existe, porque sus referentes han sido eliminados: ni la vejez ni la muerte (destino final al que van a parar todas nuestras vidas) tienen hoy día la menor entidad.
¿A qué futuro imposible nos dirigimos pues?
Pasa lo mismo con el pasado, reconvertido en museo aburrido que nadie quiere visitar.
En fin, ahí está la tecnología como nuevo ámbito de realización, en el que no existe el futuro de la decadencia ni el pasado de la pobreza, para poder vivir nuestro potencial creativo al margen de la edad y casi de la realidad temporal.
Imposible imaginar una realidad como la recogida en un post citado por Boing Boing y que recoge una colección de fotografías de la era victoriana con imágenes de personas fallecidas. “Book of the Dead”. En aquel tiempo, era práctica natural retratar al ser querido que acababa de fallecer, incluso posando a su lado. ¿No sería un escándalo hacer hoy algo parecido?
(Tiempo para la reflexión…)
No creo que la exhibición de fotos de familiares muertos en la mesita de centro de la sala de la casa ayude mucho a tener una perspectiva distinta sobre la inmediatez de nuestras cortas perspectivas de vida. No guardamos en frascos colocados en la vitrina del comedor apéndices o amigdalas extirpadas, ni tampoco embriones abortados por embarazos complicados, no guardamos manos disecadas de seres queridos montadas sobre la chimenea, ni otras excentricidades como estas fotografías. En el link a la galería del libro de la muerte hay una fotografía de lo que parecen ser tres hermanos que posan junto a un bebé muerto, los tres se ven entre asustados y enojados, no se ven satisfechos con el acto. Hay otra fotografía más de una joven dama a la que acomodaron posando sobre un sillón, mostrando su extinta belleza adornada de un llamativo vestido.
Cada sociedad y en cada periodo histórico ha tenido formas distintas de entender la muerte, así como de tratar los cuerpos sin vida de sus seres queridos. Algunas sociedades los sepultan en lugares que consideran sagrados, otros también los inhuman, pero cerca de donde los vivos están, incluso en los patios de sus casas, hay otros que los guardan en criptas, a veces al descubierto, en donde yacen otros miembros de la familia o de la comunidad. A algunos los embalsaman, los creman, etc.
No es que sea condenable que en la época victoriana, se tuviera en algunos sectores la costumbre de retratar a sus muertos. Es quizás la reacción nuestra ante ello lo condenable. Mientras a algunos les pueda parecer abominable (y deberían fijarse más bien cómo tratan ellos mismos a los vivos antes de criticar a los que fotografían a los muertos), a otros les puede parecer objeto de diversión, por ejemplo, justamente del post que citas, en donde las sugieren como algo muy propio del “jalogüin”.
Si, como dices, tiempo para la reflexión.
Saludos!
montfort
18 oct 06 at 16:42