FairUse4WM es una aplicación que, según Slashdot (vía Gizmodo), se salta las restricciones DRM de Windows Media en sus versiones 10 y 11.
¿No nos recuerda este episodio tantos otros de la historia reciente? Por ejemplo, aquella protección anticopia en algunos CDs de audio (¿no formaba parte de esta ridícula lista el último trabajo de Alejandro Sanz?) que al cabo de poco tuvo que retirarse para no seguir irritando a unos compradores confusos.
Pero, ah, la industria es avariciosa por naturaleza aunque según la versión de la SGAE sólo busca que se haga justicia. Y dale con el bendito DRM, esta tecnología a la que se aferran las distribuidoras de música, pero también las de cine y televisión que esperan el pistoletazo para operar a través de Internet. No sé, pero la primera vez que oí hablar de DRM intuí que la ingeniería inversa ya se había puesto en marcha para burlar este blindaje.
Como pasó con el que debía preservar a los DVDs de cualquier tipo de manipulación, por mucho que lo hubieses comprado y por muy tuyo que fuese. O con el formato DivX, que tuvo también su origen en un tipo de asalto parecido. O con el sistema de archivos NTFS que por fin puede ser leído desde una partición Linux, a pesar de que Microsoft no facilitase ninguna pista.
Visto desde este punto de vista, la informática de los últimos 10 años parece la historia del ratón y el gato, un thriller de policías y ladrones. La industria levanta una protección, un hacker descubre cómo derribarla: un argumento que se repite como un continuum.
Da la impresión de que esta dialéctica expresa una dualidad básica de nuestra sociedad: la iniciativa privada frente al planteamiento solidario, empresas frente a sindicatos, Estados vs ONGs.
Más exactamente, la doble naturaleza del usuario: por una parte receptor pasivo, por otra agente activo. Ambas caras del mismo sujeto son rentables, y tanto hay que cuidar al consumidor de libros comprados como al lector que los fotocopia.
Y es que todo es negocio.
Si tan concienciados estuviésemos de la maldad intrínseca de la piratería, las fotocopiadoras estarían restringidas a oficinas públicas que trabajarían con estrictas supervisiones.
El consumidor es libre por necesidad del propio sistema capitalista, y esta libertad incluye el acceso privado a dispositivos reproductores y grabadores que le permiten hacerse con copias no controladas por la famosa ley de propiedad intelectual.
Pero es que, además de esta contradicción o dualidad estructural, existe un factor que acaba inclinando la balanza en favor de la desprotección. Y no es otro que la popularización del conocimiento informático. Existen miles de ingenieros informáticos inquietos, creativos, inteligentes y con disponibilidad de tiempo y energía. Saltarse una protección es un reto, un problema teórico que se produce en el apasionante mundo real, ¿cómo no pretender resolverlo?
Así las cosas, el círculo vicioso protección / desprotección se parece al del Yin y el Yang taoísta: como el día y la noche, no existe el uno sin el otro.