El modelo de Microsoft: publicidad a espuertas para crear una imagen corporativa y un diseño del producto de lo más atractivo. Entra por los ojos, lo compras porque tiene la autoridad que le confiere haberlo visto anunciado por todas partes.
Linux se estabiliza y crece sin este empujón. Se difunde por listas, páginas web, revistas.
Gmail y no digamos Google Analytics se consiguen gracias a una invitación, que debes currarte para encontrarla, si es que lo logras.
Existe el boca a boca en Internet, de la misma forma que existe por ejemplo en el teatro: de repente una obra sin apenas plataforma de lanzamiento atrae más y más espectadores. O al contrario: un estreno fuertemente publicitado se va desmoronando día a día por el boca a boca negativo. Curiosamente, la dimensión planetaria y babélica de Internet no nos impide un mecanismo semejante: la propagación social de un producto.
¿De qué otra forma existiría eBay o PayPal? Sitios de subasta y compraventa en los que el usuario entrega su dinero sin saber a quién. Sin otra garantía que la del aval de otros amigos, conocidos, familiares que han quedado satisfechos.
Lo mismo con las reservas de viajes y la compra de billetes en Internet: en vez de acudir a la agencia más próxima o a la de siempre, preferimos la gestión virtual. Es más ágil, personalizable, seguramente más barata. Pero sobre todo es fiable: paradójica enseñanza de la Red.
Las empresas y productos se imponen por el grado de satisfacción que generan, independientemente, o casi, de quién o cómo los presente. Entonces, ¿el modelo Microsoft citado al principio?
Creo que es un modelo todavía vigente, y que seguirá funcionando. Pero la tendencia del futuro, previsible por los cambios que se están produciendo, deja más espacios a otras iniciativas. El fin de la Historia quizás ha llegado a la Economía, y parece que la Biología ha tocado techo. Pero Internet todavía está abierta a impulsos menos perversos que el de la manipulación publicitaria.
Veremos si en unos años avanza el código abierto, la red social y demás síntomas de una dimensión virtual sana y democrática, como lo es el boca a boca.